El Balneario de Villanueva de la Tercia

 

 

El balneario de Villanueva de la Tercia está situado en la carretera nacional 630 de Adanero a Gijón, la popular carretera de Asturias, cien metros más allá de su km. 376. Entre los restos del antiguo trazado de la carretera y la línea del ferrocarril, pertenece al término municipal de Villamanín.

Aunque parece que fueron descubiertas en 1845, sus aguas termales fueron citadas ya por Pascual Madoz, y Pedro María Rubio y Martín nos da una breve descripción: “Dentro de la referida casa hay un depósito para distribuir el agua a tres cuartos para baños con sus correspondientes pilas de piedra de una pieza, y varios otros cuartos para hospedaje. So­bre la puerta del edificio hay una lápida en que se lee que D. Roque Ace-vedo, cirujano del Ayuntamiento de Villanueva, y observador de las virtudes medicinales de aquellas aguas por 20 años, hizo aquellos baños en 1848”.

Años más tarde, en 1884, pasó por allí Ricardo Becerro de Bengoa y dejó escrito: “Está situado dentro de un pobre edificio en la carretera, y brota con abundancia en aquel punto mismo, surtiendo de agua a dos pilas de piedra y perdiéndose constantemente su caudal en la corriente del inmediato río Bernesga”. Su expresión era de dolor ante la desidia y la dejadez que ofrecía la calda: “La instalación es muy mala y produce  verdadera lástima el considerar que un manantial tan abundante y rico, situado el pie del ferro-carril, en una bellísima ribera rodeada de colosa­les rocas y que tiene todas las condiciones para ser un agradable punto de verano, esté en la situación y abandono en que se encuentra”.

Como en otros tantos manantiales, la tradición popular ha consagra­do en la leyenda el protagonismo de un animal en el descubrimiento de las virtudes salutíferas del agua de la calda. En este caso, fue el caballo de D. Roque Acevedo el que, aquejado de un extraño mal que tras diver­sos remedios fallidos se dio en considerar como incurable, y aún desahu­ciado por su dueño, comenzó misteriosamente a mejorar hasta su total curación. Y ante la sorpresa del médico y la incredulidad de sus conveci­nos, pudo comprobarse que semejante fenómeno se debía a la insistencia del caballo en aliviar su desgracia en un manantial de aguas templadas que emergía en la. falda de un monte cercano al río Bernesga, y que ter­minó por devolverle al completo su perdida salud y su vigor entero.

La casa, pequeña y como buscando cobijo en las cercanas rocas, junto al viaducto, fue levantada por D. Roque Acevedo, médico-cirujano que había nacido en Cármenes y se vino de niño a Pola de Gordón. Casado en Beberino, y aplicando sus conocimientos a las por él descubiertas pro­piedades curativas del agua, habilitó la casa a principios del siglo XIX para que el agua del manantial fuese canalizada hasta un depósito exis­tente en su interior, desde donde se distribuía a las dos o tres estancias reducidas donde el bañista recibía el caño de agua en las primitivas pilas de piedra de una sola pieza.

Con el tiempo se daba hospedaje en el propio edificio, y las pilas se sustituyeres por bañeras hechas de losa. Cuando a mediados de siglo murió el cirujano y fundador, siguió con la explotación su yerno José Fernández Téllez, y fue extendiéndose su fama para tratar las afecciones reumáticas, problemas intestinales, y enfermedades como la gota, etc.

Aquel viejo caserón fue adecentado por Miguel Alvarez González, quien lo reformó y consiguió aumentar su prestigio, y ya en 1928 las aguas fueron declaradas de utilidad pública (Real Orden de 6 de noviem­bre), tras los informes médicos de Aurelio de Paz. Tras esta declaración el balneario vio autorizada su apertura al público en 1929, habiéndose mejorado las instalaciones, cambiado las bañeras, etc.

Tras venirse abajo el edificio por los bombardeos de la guerra civil, fue labor de Miguel Alvarez Gutiérrez (hijo de Manuel y de Felisa, quienes habían obtenido la declaración de utilidad pública) levantar de nuevo el balneario hasta volverlo a poner en condiciones de abrirlo al público. En la actualidad permanece cerrado, al no poder ser atendido por sus dueños.

Análisis y propiedades

La altitud del manantial (1.600 m.) y la indudable pureza del am­biente, dotan de un marco ideal a las propiedades de las aguas. Sus ca­racterísticas termales, así como su composición bicarbonatado-cálcicas (cloruradas), muy radiactivas, las convierten en indicadas para el reu­matismo, artritis dolorosas, hipertensión, colitis crónica, etc.

En la actualidad, el balneario se surte de un único manantial de 180 litros por minuto aproximadamente, emergiendo a una temperatura de 37°. En verano cede un poco su caudal, pero carece de influencias de otras aguas o manantiales superficiales. Existen también otros dos ma­nantiales en la margen derecha del río Bernesga, a unos 70 u 80 m. al oeste del manantial actual, pero se encuentran tapados por las obras del nuevo puente sobre dicho rio, en la variante de la carretera nacional.

A pesar de permanecer cerrado, perdura el recuerdo de la numerosa asistencia, dándose el caso de algunos pueblos, como Laguna de Negrillos, de donde llegaban a juntarse hasta treinta vecinos a la vez en el balneario de Villanueva.

intel conmemorativo fundacional del Balneario de Villanueva de la Tercia, dice así:

“SE HIZO AÑO DE 1848
CASA DE BAÑOS TERMALES
FUENTES CALIENTES DE DON ROQUE
AZEVEDO CIRUJANO DE ESTE AIUN
TAMIENTº Y OBSERVADOR DE LAS VIRTUDES DE ESTAS AGUAS”

balneario-de-villanueva-de-la-tercia

 

Texto e Imagen: Historia de los Balnearios de la Provincia de León de Wenceslao Alvarez Oblanca